miércoles, 17 de julio de 2013

El ladrón de orquídeas



La semana pasada caminando por el camellón de Álvaro Obregón, encontré a un señor vendiendo orquídeas hermosas. Negras, rojas, moradas, de todos colores, formas y tamaños. La flor era increíble, no me pude resistir. $150 pesitos, póngala en agua o en tierra y va a ver. Enseguida fui a comprar una macetita, tierra, y puse mi orgullosa compra en la mesa de centro de la sala. 

A los dos días, llegó un amigo a mi casa y me dio la mala noticia: lamento decepcionarte, pero las orquídeas negras son una especie muy rara y no se consiguen así nomás en la calle. Después, otra amiga le mandó la foto a un experto, el experto de las 50 orquídeas, y confirmó lo que me temía: la orquídea era falsa.

Sí, así como lo leen: compré una orquídea pirata. No sólo me vieron la cara, me la vieron con una flor pirata. Lo más curioso de todo, es que tanto la flor como la base de la planta eran orquídeas, pero la flor estaba incrustada. El experto me aconsejó poner la planta en una maceta con agujeros y tezontle: róbatelo de un camellón, pues si lo compras te van a vender un costal y sólo necesitas dos puños. Ladrón que roba ladrón, pensé.

Entonces ahí me tienen caminando por el mismo camellón, con una bolsa de plástico, tratando de robar piedras. Me sentí un tanto loca, especialmente porque un día antes, decidí caminar del súper a mi casa con 32 rollos de papel de baño (yo no entendía eso de Julio Regalado hasta que me mudé de la casa de mis papás). 

En fin, seguí los consejos del experto, al que pediré permiso para hacer un nuevo post al respecto con su información, que a grandes rasgos incluían poner la planta en una ventana sin luz directa, pero no he visto un cambio positivo. Esperemos que viva la planta; la flor murió enseguida. Si un día de estos se encuentran al señor de las orquídeas caminando por el camellón, no se dejen engañar como yo. Los mantendré informados sobre la vida de la planta.